NOTICIAS

Post-scriptum de los Medios (parte II)

Las nuevas tecnologías de la comunicación y la información dan cuenta de un movimiento desde la "sociedad disciplinaria" a la "sociedad de control", conformando un orden social distinto.

Los viejos esquemas a partir de los cuales Foucault trazó la representación del poder, basados en la idea de que la coerción mantenía a los individuos bajo inspección y vigilancia, ya no sirven para dar cuenta de una situación en la que  panóptico inicial, jerárquico, unidireccional , ha dado paso a otro, ubicuo, descentralizado, multidireccional y mucho más potente porque cuenta con la participación de los individuos.

Antes de que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación sublevasen nuestras estructuras sociales, autores como George Orwell y Aldous Huxley alimentaron una corriente de pensamiento tecnopesimista que se concretó en obras como 1984 o Un mundo feliz.

Conmovedores  ideales utópicos convertidos en pesadillas distópicas en la que un Estado policial dirigido por un partido único en un futuro totalitario y tecnificado refuerza su poder a costa de la humanidad de sus súbditos.

Las sociedades disciplinarias se organizan en grandes centros de encierro: la familia, la escuela, el ejército, la fábrica, el hospital, la cárcel, la Nación. Verdaderos aparatos ideológicos del sistema.

Cada centro está regido según sus propias leyes internas, que moldean la vida del individuo, el cual se va estructurando internamente a través de su paso por las diferentes instituciones disciplinarias. Se llaman sociedades disciplinarias porque el buen comportamiento del individuo se consigue a través de la disciplina.

Primero la familia, con los rituales de tradición y religión. Más tarde la escuela, donde el maestro es una figura impositiva, disciplinaria. En la escuela no se enseña, se educa.
Al abandonar la escuela, el individuo entraba en el ejército, institución de disciplina por excelencia. Luego vendrá la fábrica, donde los trabajadores deben realizar tareas en cadenas de montaje específicas y delimitadas. Y entre tanto, habrá visitado el hospital varias veces, cuando no la cárcel.

Pero ya pasada buena parte del siglo XX, este paradigma entra en crisis al resultar insostenible para las nuevas generaciones y menos eficiente para el capitalismo.

La escuela entra en crisis, a pesar de que en su forma tradicional, como dispositivo, no ha dejado de ser compatible con lo que la sociedad espera de ella.

El Hospital entra en crisis, aparece la autoayuda, las terapias alterativas y la automedicación, ya no existe más el servicio militar obligatorio, el soldado ya no es disciplinado, sino asalariado.

Ya no se llama fábrica, sino empresa. La cual ya no se estructura por moldes fijos, departamentos estancos, como la fábrica, sino que se parece más a una red, en la que se interrelacionan múltiples sujetos, departamentos y procesos productivos.

Deleuze escribirá “Las viejas sociedades de soberanía manejaban máquinas simples, palancas, poleas, relojes; pero las sociedades disciplinarias recientes se equipaban con máquinas energéticas, con el peligro pasivo de la entropía y el peligro activo del sabotaje; las sociedades de control operan sobre máquinas de tercer tipo, máquinas informáticas y ordenadores cuyo peligro pasivo es el ruido y el activo la piratería o la introducción de virus. Es una evolución tecnológica pero, más profundamente aún, una mutación del capitalismo”.

 

Contacto: Claudio.Alvarez@UAI.edu.ar